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Buenas noches colegas, y feliz lunes. Si. Feliz lunes. Hay veces que los lunes son una puta mierda, y hay veces que los lunes molan ( ya se lo que pensáis… joder.. otra vez, el bueno de Curro ya se ha estado dando al alcohol, llega mamado a casa y se pone a escribir”) pues no listillos.  Es un buen lunes, y si no estáis de acuerdo, ya sabéis lo que toca. Elegid padrino y arma, y os espero en el descampado a las afueras de Windsor a la hora que mas os plazca.

Que os voy a contar de las causas perdidas que ya no sepáis, tíos. Las causas perdidas. Las únicas que valen la pena. Suelen estar llenas de hombres generosos de corazón, de tipos que, aún sabiendo que nada tiene sentido siguen peleando hasta el fin. Valor, al fin y al cabo, y sacrificio, muchas veces en nombre de una idea, o de una religión, la mayoría de ellas, en nombre tan solo de mantener la dignidad, y el respeto por uno mismo. Hoy, vamos con una de ellas. Robert E. Lee, y los Estados confederados de América.

Como sé que es un tema peliagudo, espinoso, y polémico, diré sencillamente que en la guerra civil americana, yo iba con el sur porque me da la gana. Las causas, por mucho que Lincoln insistiese en reducirlas a una mera lucha entre esclavitud/abolición fueron mucho mas profundas, y tenían mas que ver con dos estilos de vida contrapuestos, y con una economía de mercado o liberal, que se enfrentaba a otra fuertemente proteccionista y planificada, pero como os he dicho, no voy a entrar en ello. Voy con el sur porque me caían mejor, eran perfectos caballeros, sus chicas eran mas guapas y además, siendo muchos menos, fueron capaces de tener a una potencia como la Unión atrapada y en vilo mas de cinco años.

En verano de 1862, Robert E. Lee estaba al frente de los ejércitos del sur. Rob, o “As de picas”,  como le conocían sus colegas, era el genio militar de su tiempo. Con un ejército inferior, peor entrenado y sin apenas provisiones, daba la cara, se batía y estaba derrotando a la ingente maquinaria bélica del norte. Sin mas que convicción y valor, había llevado a una panda de rednecks de los pantanos de Alabama (imaginaos el dramatis personae) comandados por pobres chicos recién salidos de una plantación de “Lo que el viento se llevó”, a ocupar medio Virginia, poner el mundo patas arriba, y en última instancia, dar una mas que generosa bofetada en la cara del paternalista Abe Lincoln (que según parece, de acuerdo con Holywood, en verdad era un cazador de vampiros). El caso, el su estaba ganando, y la unión, desesperada, se hundía, con motines callejeros diarios en Nueva York y un clima anti belicista brutal.

Cuando todo está de cara y tiene la guerra al alcance de su mano, Lee decide cruzar el río Potomac ( el que atraviesa Washington DC) e invadir el norte de Virginia. La capital está a tiro de piedra, ocuparla es solo cuestión de tiempo, y sin Washington, la guerra para el norte está perdida. Lee acampa un par de días, al norte del río, y de pronto, en una decisión sorprendente y extraña, decide seguir adelante y pasar de largo. Es el mismo caso que Aníbal. (A quien, por cierto, admiraba profundamente como general, pero de quien, parece, no había aprendido nada… Ays… si hubiese leído este blog. Lee, ¡lee!). La ciudad estaba prácticamente abierta. Como Roma, los defensores estaban desmoralizados, como Roma, los civiles la abandonaban presa del pánico, y sin embargo, Lee, fue incapaz de coger con la mano aquello que el destino y su habilidad hasta entonces le pusieron a tiro. Muchos defensores de su táctica, (sorprendentemente algunos son historiadores que a su vez defendieron a Anibal, otros que no aprendieron nada de la historia) mantienen que carecía de material de asedio, que su ejército no estaba preparado, o que su lealtad a la confederación flaqueó en el último momento y de esa manera, perdió una oportunidad que no volvería a presentársele nunca mas.

El resto, amigos, es historia y los libros la cuentan mejor que yo (os encanta mi falsa modestia, ¿¿eh??) cuatro años mas de terrible guerra civil. Antietam, Gettysburg y el brillante George Pickett dirigiendo su carga contra el centro norteño al grito de “Make them Stall Lou, make them stall”, la derrota y fugaz resurgimiento de los ejércitos confederados, y finalmente, la larga y penosa retirada por Georgia en la que el ejército de la unión mostró su cara mas cruel dejando a su paso un reguero de destrucción y sueños rotos, de familias arruinadas y posterior especulación económica viciada. El fin de un estilo de vida basado en la perversa esclavitud (a la que curiosamente, muchos esclavos rogaron volver, aceptando condiciones de preguerra en haciendas, ya que estas eran mejores que morir de hambre por la devastación creada por Grant, entre otros).

El sur, seamos realistas, nunca tuvo muchas oportunidades de vencer, y sin embargo, aquel mes de septiembre, estuvo mas cerca de hacerlo que nunca. En realidad es posible que el ataque hubiese fracasado, que Washington hubiese resistido, o que la toma de la ciudad no hubiese sido definitiva en el transcurso de la guerra (según yo si, pero, quien sabe). Lo que está claro es que esa oportunidad, no se volvió a presentar, y las dudas, el miedo, o la decencia de Lee, terminaron con el sueño de un sur unido y feliz.

Así que, ya sabéis, amigos en ocasiones, la vida (que no siempre es una grandísima cerda, aunque lo parezca) reparte buenas cartas. En ocasiones, nos da una mano ganadora, o nos pone al alcance algo que puede parecer bueno. Puede ser arriesgado, por lo general, de hecho lo es. Puede parecer difícil, o asustar. Un trabajo que nos gusta, aunque no parezca sencillo conseguirlo, la oportunidad de conocer a alguien diferente, cuando creemos que jamás nos volverá a gustar nadie, o el impulso que necesitamos para reconstruir nuestro futuro, para cambiar, para mejorar, aunque de miedo, y vivamos mas cómodos sin sobresaltos y amarrados a nuestras seguridades mas básicas. En ocasiones, como os digo, Washington se nos presenta delante de nuestros ojos. Y acojona, para que engañarnos. (Hace mucho que no uso esta frase, así que…) En esos momentos lo sencillo ( y sabéis de sobre lo que quiero decir con eso) es huir, asustarse, dar un paso atrás. Poner cualquier excusa o plan, y asumir que no se está preparado. Que al fin y al cabo, volverá otro día, con refuerzos, con ayuda, y entonces si, Washington será suya. Eso pensó el bueno de Lee… y nunca volvió.  Aprended de él, y cuando podáis, ¡arriesgaros!¡luchad! intentadlo al menos. Mirad a la oportunidad a los ojos (si sois capaces) y dar la lucha. Puede que no lo consigáis. Puede que en el fondo sea inalcanzable (vaya excusa mas sencilla), pero no por ello lo dejéis de intentar. Dad un paso al frente, y luego otro, y veréis que lo que parecía tan lejos en realidad, está al alcance de vuestra mano. No temáis al dolor que os pueda causar, y pensad en todo lo bueno que podréis obtener de ello, aunque perdáis. Y si efectivamente, al final, perdéis,  nadie os podrá culpar jamás (y cuando digo nadie, me refiero a vosotros mismos) de no haberlo intentado.

Casi doscientos años después en el sur de estados unidos aún son comunes pintadas y carteles con el lema “ The south will raise again”. Por lo menos, ánimo no les falta, pero si les cuesta doscientos años intentarlo, seguro que la ocasión ya se les habrá pasado. Eso, amigos, está históricamente demostrado.

Buenas noches 🙂 .

PS: mañana, si veo que tal, edito el texto. Miedo me da. (sino, os quedáis con el como está, mala suerte)

Ps2:editado, y con el video de la Carta del Mayor Ballou que subí en Facebook por petición popular. Enjoy!

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