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Buenas noches de lunes amigos. El mundo gira, la semana pasa, y aquí me tenéis de nuevo con vosotros, pertinaz como la sequía, como las victorias del Barça, o como (según parece) los triunfos electorales de Berlusconi, que cada cual tiene lo que se busca. (Vosotros los primeros por seguir leyendo esto, ¿Quién os mandaba?). El caso, he vuelto a reencontrarme con la esquiva Clío, y ahora os toca pagar por ello a vosotros. Hoy en honor a las hijas de Mnemea vuelvo con una historia de la antigüedad legendaria, donde los héroes molaban, los políticos corruptos morían de maneras imaginativas y sádicas, y los dioses la liaban parda.

Odisseo, amigos, o Ulises, como mas os guste. El mas sabio de los aqueos (si exceptuamos a Nestor) y desde luego el mas astuto y hábil de todos (preguntadle a Priamo la gracia que le hizo su idea de un caballo gigante de madera en la guerra de Troya), es conocido sobre todo por su viaje de vuelta a casa. Cada vez que estéis un Domingo por la tarde en la A6, a 35 grados a la sombra, tirados en el peaje del espinar a 80km. de Madrid, y con tres horas de atasco por delante, acordaos de él, porque si la operación retorno del puente de San Tiburcio mártir os parece insoportable, es que no os habéis chupado 10 años de viaje para volver a casa. Hasta su nombre ha pasado a nuestro idioma como sinónimo de viaje coñazo lleno de marrones y bichos.

La cosa es que, después de un par de años dando vueltas Mediterraneo arriba y abajo, y tras haber pasado mas de un encuentro super divertido, (quien puede olvidar a los lotófagos, al siempre encantador Polifemo el cíclope tuerto, a la reina Circe y su ya clásico “He convertido a la mitad de tú tripulación en cerdos”, o a las desternillantes sirenas con su megahit “Venid, venid, que no os va a pasar ná”) Ulises llega a la isla de Oggigia, tras un terrible naufragio provocado por Poseidón. He de explicaros aquí que los dioses de aquella época eran la cola. A diferencia de los que tenemos hoy (de lo mas formal, la verdad), aquellos se dedicaban a pincharse a la primera ninfa con la que se encontraban, a convertir a la gente en monstruos abyectos, y por lo general, a odiar mucho a los humanos que otros dioses amaban, por lo que, como Ulises era el ojito derecho de Atenea, Poseidón le odiaba y le puteo todo lo que pudo.

Cuando llega a la isla de Oggigia, pues, el bueno de Ulises estaba ya un poco hasta los Έχω ψάξει σοβαρά de navegar por el mundo adelante. El hombre se había venido abajo, y daba ya por hecho que nunca volvería a Ítaca, ni a abrazar a su mujer Penélope, ni a ser Rey de su isla. Llevaba por entonces 13 años pensando en su casa, y era normal que se viniese abajo. Había sido pertinaz, había luchado todo lo que había podido, había perdido a la inmensa mayoría de sus amigos solo por el sueño de lograr, algún día volver a su hogar, y ahí se encontraba, tirado en una playa, sin barco en el que navegar, a la merced de los elementos, y mas puteado que Platón en el plató de “Sálvame”. En ese momento, una música suave y celestial comienza a sonar, y Calipso una ninfa encantadora, morena,  1’80 aprox (por algo era hija del titán Atlas), y un poco royo Irene Papas en Zorba el griego aparece en escena. Ulises, que no tiene ya nada que perder excepto la vida, va con ella. La ninfa le enseña su isla, según Homero, de las mas bellas de Grecia, y le acoge en su cueva. Mediante hechizos, (si…. claro… hechizos…. ) le hace olvidar todo su pasado, y hace que se convierta en su amante (hechizos… si… la típica excusa).

Durante siete años, Ulises es moderadamente feliz. Calipso es encantadora, bella y tiene todo lo que un hombre pueda querer en el mundo, (incluida comida suculenta, bebidas varias, sexo constante y titánico y una cueva que seguro que molaba mogollón). No está mal para un tipo que llevaba dando vueltas por el mar los últimos dos años, y rodeado de hombres de torso desnudo, fornido y aceitoso los diez anteriores, pero dentro de él hay algo que falla. No se da cuenta de lo que es, pero siente que ese no es lugar, siente que Calipso no es su esposa (ya iban por el cuarto hijo en común) y recuerda poco a poco. Recuerda las sirenas, recuerda a Aquiles y Troya, recuerda por fin Ítaca, y a Penélope, la mujer de la que se enamoró desde el primer momento en que la vio, y armado de valor, decide partir de nuevo en su busca, aún sabiendo que esta es casi imposible, y que lo mas probable es que perezca bajo las aguas del Egeo, o devorado por algún bicho mitad una cosa, mitad otra, de los que tanto les gustaba crear a los dioses olímpicos. La cosa es que le da igual. Decide renunciar a la comodidad y felicidad que había alcanzado, por una idea lejana, borrosa, que sin embargo llevaba tiempo grabada en su corazón. Se lanza de nuevo de cabeza al mar, y a buscar su isla sin mas esperanza que la de un ser humano enamorado, ni mas defensa que su determinación, su valor y su ya clásico “ soy un tipo obstinado, no me voy a rendir tan fácilmente, amiga”*. Ya sabéis como termina la historia, y sino, os la leéis, porque vale la pena, y sino, la buscáis en Wikipedia, o veis la peli de turno o mejor aún, le preguntáis al bueno de Luigi (por cierto, hoy en su blog el platonismo, http://conefedefilosofia.blogspot.com.es/2013/02/el-amor-platonico.html , y yo hablando de estas tonterías) y él os la contará mucho mejor que yo.

    Así que, ya sabéis, amigos. A veces la vida nos saca de un naufragio, y nos da sorpresas. En ocasiones, cuando creíamos que todo está perdido, es fácil conformarnos con lo primero que la vida nos pone delante (sobre todo si es una semidiosa griega) y decir, “bueno, al fin y al cabo, una de cal y una de arena”. Podemos ser felices así, no cabe duda. Podemos coger el primer trabajo que encontremos si así salimos del paro, y quedarnos en él el resto de nuestra vida, aunque no fuese aquel con el que soñamos. Podemos no pelear por nada cuando nos hayan roto el alma en pedazos, y dejarnos llevar por la marea, o quedarnos sentados en la orilla del mar, demasiado asustados para mojarnos un dedo del píe, y esperar que Ítaca venga a nosotros con los brazos abiertos. Podemos, en definitiva, quedarnos como estamos, acostumbrarnos a nuestra vida, tal y como es (y no como quisiéramos que fuese) y alegrarnos constantemente por todo lo bueno que esa hija de puta (hacía mogollón que no insultaba a la vida, ya lo echaba de menos) decida arrojarnos con displiciente caridad a la cara de vez en cuando. Ooooo podemos levantarnos de la arena mojada, izar las velas rotas por la tormenta, lanzarnos a la mar tempestuosa una vez mas y partir en busca de lo que queremos. ¿Qué está lejos? A quien le importa. ¿Qué es difícil?, Mejor. ¿Qué seguramente nunca jamás lo alcance?  Y a ti que te importa, ese es mi problema. Y navegar, amigos, pelear, romperse los brazos y el alma en el intento, sin rendirse. Y no os hablo del pasado (Pablo que te veo venir), si no del futuro. Y si no llegamos jamás a nuestro objetivo, que al menos la bella Penélope, desde su castillo de Ítaca, escuche decir de un viejo marinero que Ulises dio hasta su último aliento y gota de sangre por llegar de vuelta a ella. La odisea es un mito, no una historia real, y sin embargo,  ¡demonios!, ¿sabéis lo que os digo?, que esto, también está históricamente demostrado.

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*Cita directamente inventada, por la cara, vaya.

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