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Buenas noches, colegitas, y feliz lunes. Hoy escribo a toda velocidad, así que preparaos para una gran cantidad de desbarres, tontunas y faltas de ortografía varias, pero tengo la imperiosa necesidad de que pase la semana, por lo menos hasta el jueves, y de que llegue el puente, y de pirarme de vacaciones… Cosas de la vida. Además como el lunes ha sido un infierno (consecuencias de grandes findes, supongo. Cuanto mejor es el fin de semana, mas ascoputo da el lunes, ¿no?) pues cuanto antes liquide mejor. Así que, ya sabéis como va esto. Sentaos en vuestro sofá preferido (o en una cama de faquir, o al sol en una tumbona de terraza… ahí cada uno con sus gustos) plantaos un batín y una copa de brandy (por eso de ir de sofisticados) y preparaos para que os suelte el royo histórico-legendario de turno. Hoy, con Lancelot du Lac, y el ciclo Artúrico.

Lancelot, colegas, rubio, 1’80, ojos azules… Como Ken el de Barbie pero en hetero, con mala leche y armadura. Es el paradigma del caballero caído. Noble, valeroso, fiel, y sin embargo, corrompido por la pérfida naturaleza de la mujer, portadora del pecado (bendito pecado) y causante de todos los males del mundo (en la edad media eran así de amables). Lancelot llega a Camelot (joder, todo rima en T en este post? Solo le faltaba ser un robot y tramar un complot) cuando Arturo ya ha conquistado el reino y está casado con Ginebra. La mesa redonda se ha creado, y por lo tanto es todo festines, fiestas torneos y todo el royo.  El caso, Lancelot aparecé por ahí, y se queda con todo el mundo. Es el mejor caballero, el mejor torneista, y el chico mas guapo del patio. Hasta tal punto es popular, que Ginebra, (mirad que os lo he dicho. Que la ginebra no es buena, dejad la ginebra en paz) la mujer del Rey Arturo, se enamora de él. De acuerdo con las narraciones medievales (que son mogollón y cambian mucho de una a otra), ella le intenta seducir todo el rato, y él, como caballero y tío guay que es se resiste, y se resiste hasta que en un momento dado, cae en la tentación (que viene dada por el diablo vía la mujer) y se pierde.  Lancelot es infiel a su Rey, y este que se entera, se agarra un rebote del copón. Ataque de cuernos, que se llama. Arturo incapaz de cumplir como un hombre medieval como Dios manda (es decir, cargándose a su señora y el que se la encaloma) se vuelve un débil, y destierra a Lancelot y manda a Ginebra a un convento.

A partir de ahí, todos los males caen sobre Camelot. El rey se ha divorciado, ha sido traicionado por su mejor colega, y la tierra se resiente (ya sabéis, esa vieja idea de la monarquía vinculada a la tierra que tanto le gustaba a los monjes). Los campos se agostan, las cosechas se pierden, vienen plagas, calamidades, pestes y todo tipo de maldiciones bíblicas varias, y en una visión, Arturo descubre que tiene que encontrar el Santo Grial para que se le perdone y su reino renazca de nuevo. Pero, su mejor caballero ya no está. Lancelot se encuentra en el Exilio, torturado por su traición, e intentando purgar sus pecados matando infieles, rescatando  damas, o haciendo lo que fuese que hacían en la edad media para purgar sus pecados (con lo fácil que es pedir perdón y decir que no se volverá a hacer).  Vive de una manera atormentada y terrible. Ha traicionado a su mejor colega, ha caído ante la tentación, y ya nada podrá hacer que recupere su honra. Piensa que tras cometer un fallo, o tras caer por culpa de otros en la pena, la vergüenza y la culpabilidad, toda su vida ha dejado de tener sentido, y por lo tanto, nada de lo que haga desde entonces hasta que muera, podrá hacerle volver a recuperar su nombre, su orgullo, su alegría.

Al final aparece el Grial, pero muchos de los mas nobles caballeros de Arturo mueren en su busca, y cuando parece que el reino pueda arreglarse de nuevo, Maldred, hijo ilegitimo que Arturo había tenido con su hermana Morgana (vaya joyita el Artu), aparece en escena, y al frente de un poderoso ejército del mal declara la guerra a su padre, con la intención de derrotarle, y quedarse con Camelot para si.

Los ejércitos del chaval en cuestión son incontables. Superan en número varias veces al ejército de Arturo, y Camelot parece irremediablemente perdida. El Rey, que suplía su falta de cabeza con un gran exceso de masa testicular decide salir a dar batalla si o si, y cuando, en mitad de la lucha todo se torna en contra de los buenos, aparece Lancelot. Ya anciano, pero aún y así, el mejor caballero del mundo. A pesar de haber sido repudiado, exiliado, maltratado condenado y deshonrado, Lancelot vuelve con Arturo, y con su ayuda, vence la batalla. Tanto Arturo como el Caballero del Lago mueren en ella, pero gracias a él, el mal perece y el mundo vuelve a recobrar la paz, y el bien, de nuevo, triunfa sobre el mal.

Así que, ya sabéis amigos, en ocasiones, en la vida todo se nos pone en contra. Puede que seamos nosotros los que la liemos, o puede que el cirio nos venga armado de fuera, al final da igual. Puede que seamos directamente responsables, o que las circunstancias nos aplasten, pero, a veces, abrimos los ojos y de repente, como Lancelot, estamos fuera. Todo lo que queríamos nos abandona, y nos encontramos solos  y en la calle. Durante mucho tiempo os vengo diciendo que peleéis en esos escenarios, pero entiendo que muchos no sois así. De un tiempo a esta parte he comprendido que hay gente incapaz de ello. Hay gente que se bloquea, que, como Lancelot se echa las culpas a la espalda con razón o sin ella (casi siempre sin ella), y decide, como el caballero, abandonarse, pasarlo mal, sufrir. En muchas ocasiones ni siquiera es una decisión, es lo que parece justo, o lo único que creemos que podemos hacer. Y ¿sabéis qué os digo?. Que es humano. Nadie tiene porque ser un super héroe. Nadie tiene por que luchar hasta el fin por algo. Derrumbarse, llorar, venirse abajo en ocasiones es bueno, y hasta saludable PERO. Recordad a Lancelot en esos casos. Podéis vivir en el exilio, en la tristeza, en el desamparo. Pero tened siempre los ojos bien abiertos, porque si lo hacéis, veréis, como él, una oportunidad. Veréis un momento en el que la vida gira y os vuelve a sonreir de nuevo. No perdáis nunca esa idea, y por muy mal que todo vaya, estad atentos, porque de repente, y en el momento que menos os lo esperéis, puede que la vida os de un nuevo día de paz. De enmendaros, o de volver a ser feliz. Sed como Lancelot, amigos, y aunque paséis días, meses o años tristes, recordad que si estáis atentos, la vida os sonreirá de nuevo, y, si sabéis sonreírle de vuelta, aunque sea con una sonrisa triste y unos ojos cansados, poco a poco, el mundo se puede volver a convertir en un lugar maravilloso, y los buenos pueden terminar ganando otra vez a los malos. Aunque parezca imposible, chicos, eso también está históricamente demostrado.

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