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Previously on “La Cruz de Coronado”, el movimiento decadente arrasa por toda Europa. Desde los palacios de Hampshire a las mansiones urbanas en ruinas de Montmartre, pasando por los pazos gallegos (Valle-Inclán, genio del movimiento) oscuros poetas malditos consumen opio, beben absenta, se dan al sexo y escriben obras nuevas que escandalizan a la bien pensante burguesía. Aliados con los pintores impresionistas primero, y con los expresionistas mas tarde, le dan la vuelta al mundo del arte tal y como se conoce. No buscan dinero, buscan la gloria,la libertad, el recuerdo, la muerte joven. La polémica. Pero un gran cataclismo político está a punto de acabar con todo. La primera guerra mundial (amigos, temazo. Si algún día desespero del todo, escribiré un post sobre ella, que os dejará secos). Esto es, D’Annunzio, 2ª parte.

Como os decía ayer, colegas, el estallido de la primera guerra mundial coge a D’annunzio en Paris. Entretenido contrayendo deudas, seduciendo a hijas de burgueses, componiendo óperas, y por lo general, dedicándose en cuerpo y alma al autocomplaciente hedonismo, que es lo que a él en realidad le mola. Cuando de pronto, el mundo entero se vuelve loco, y los países se dedican a declararse la guerra los unos a los otros sin ton ni son (es la mejor explicación que oiréis jamás del inicio de la I GM). Si la guerra no hubiese estallado, el bueno de Gabrielle habría pasado a la historia como un genial novelista, un buen poeta, un pasable dramaturgo, y un tipo con una biografía mas o menos atrayente, pero, es a raíz de la guerra, cuando se crea el mito de “Il Vate”.

Consumido como estaba por sus propias historias de heroísmo, y de aventura, decide volver a Italia, para combatir en cualquier frente o arma que le acoja (ya era un señor de 50 años), peeeeero, Italia no está en guerra, permanece neutral. Como siempre ante la llamada del peligro, los italianos han decidido levantar sus dedos juntos hacia arriba y preguntar “Ma che cosa?”. No obstante, lo que para muchos sería un problema irresoluble, es para él solo una pequeña piedra en el camino. “¿Qué no le hemos declarado la guerra a nadie? No hay problema, crearemos una guerra”. Y se pone a ello en cuerpo y alma. Desde cualquier tribuna que le permiten utilizar, desde periódicos, desde artículos, desde cafes y desde discursos callejeros, se dedica a inflamar el corazón de los italianos. Trata de convencerles de que tienen que entrar en guerra. Utiliza el nombre de Italia, de los antiguos héroes de Roma. Los Marios, Sempronios, Brutos y Escipiones, resuenan de nuevo por las antiguas calles de la ciudad. Muchos le acusan de ser un protofascista. Un precursor de Mussolini, pero, para mi (y esto es solo una humilde opinión) todo en él era estética pura, la ideología sencillamente le aburre. Tanto consigue inundar el corazón de los jóvenes  (y no tan jóvenes) italianos, que finalmente, y en gran medida por su influencia en la opinión pública, Italia declara la guerra a la triple Alianza (Austria-Hungría, Alemania y Turquía).

En su infantilismo, en su búsqueda loca de la gloria, este señor mete en guerra a toda una nación. Él se alista en la fuerza aérea, en la que sirve con distinción, y lleva a cabo la gran aventura de “Il vuolo su Viena”, en la que con su escuadrón de biplanos (llamado “La serenissima”) vuela desde Italia hasta Viena, y bombardea de panfletos la ciudad, llamando a los austríacos a rendirse.  Además queda tuerto en un combate aéreo en el que es derribado (y utiliza cualquier ocasión para fardar de su parche y contar historietas de cómo perdió el ojo en un combate singular contra un malvado conde austriaco, luchando como caballeros medievales, avión contra avión en solitario) , pero como consecuencia de sus delirios de gloria, un país pobre, atrasado y que no estaba preparado, entra en el peor conflicto bélico de la historia, en muchos aspectos. Un conflicto que le cuesta la vida a mas de medio millón de Italianos, y que deja mas de 900.000 heridos, muchos de ellos mutilados de por vida. ¿Dónde está la gloria, las bellas palabras, los llamamientos al valor? (No pienso entrar en política en este Blog, y no suelo dar opiniones personales y menos cuando ni siquiera estoy seguro de que pensar, yo mismo).  Pero, el caso es que, en gran parte gracias a D’Annunzio, buena parte de la juventud italiana murió bajo la nieve en los altos del Piave, o en Caporetto.

Con el fin de la guerra, Italia (que como siempre, entre en el bando de los perdedores, y termina en el bando de los ganadores) espera recibir su justa recompensa. Le habían prometido territorios en la costa dálmata (Croacia, no confundir con los perros que el señor Burns quiere convertir en mocasines saltarines), pero tras la firma del tratado de París, y la creación de la gran Yugoslavia (un estado incomprensible, en mi humilde opinión), los italianos se quedan sin nada. Muchos veteranos, muchos heridos, muchos de los que perdieron un amigo, un hijo, un padre, miran al bueno de Gabrielle, y a los políticos del país con cara de pocos amigos y les preguntan “¿Por qué luchamos? ¿Por qué nos sacrificamos?¿Por qué lo dimos todo?  no hemos sacado nada de todo esto”. Es verdad que para D’Annunzio, para la gente como él, la pasión, la aventura, el viaje, lo es todo. Es verdad que él no era un resultadista, en realidad, las consecuencias le habrían dado igual. Lo importante era la lucha, el pelear, y darlo todo, por la Clara belleza que reside en el mero placer de hacerlo. Es posible que si se diese con la victoria de narices, no supiera muy bien que hacer con ella. Pero la gente no lo entendía. Leer hazañas en un libro está muy bien, pero la vida real es distinta. Nadie podía comprender al triste escritor, en ese, su momento seguramente mas gris. Además, como a todo cerdo le llega su San Martín, Es abandonado por segunda vez por la única mujer a la que ha amado, y que, oh, ironías de la vida, es la única mujer que no le ha amado a él.

Cualquier persona normal se hubiese desesperado. Habría caído en el abatimiento, se habría deprimido, o habría pensado que todo aquello en lo que creía, todos sus ideales, no eran mas que una patraña. Habría abierto los ojos, habría madurado. Peeeero no, él no (y, ahí reside su grandeza para mi). Cansado, arrepentido, desesperado, decide que la mejor solución para todos sus males (y para recuperar su nombre en Italia) es inventarse otra guerra. Junta a un grupo de aventureros tan locos y audaces como él, y cruza la frontera italiana, para ocupar Fiume. Fiume es una ciudad croata (la actual Rijeka), que por entonces contaba con una mayoría de población Italiana. Era uno de esos territorios que se le había prometido a Italia, pero que no se le había entregado tras la guerra. Pues como os digo, el colega, se planta en la ciudad con unos cuantos miles de amigos, y la ocupa. Nadie en todo el mundo daba crédito. Un poeta, tuerto, ya de casi 60 años, había juntado a un grupo de locos, y les había calentado tanto la cabeza que les había llevado hasta una ciudad que, de manera milagrosa, habían logrado conquistar. D’annunzio le ofrece la ciudad a Italia. Según él está nivelando en parte toda la sangre que se había derramado en la guerra, estaba haciendo justicia, pero los italianos, (he comentado ya algo de su valentía como gobierno/clase política), la rechazan. Se les está ofreciendo de nuevo algo que en justicia les pertenecía pero ellos, vuelven a juntar los dedos de las manos hacia arriba y dicen “Ma che cosa”.

Pocas veces en la historia ha pasado algo así, amigos, pero como os lo cuento. Los italianos dicen, “no queremos la ciudad·, y D’annunzio dice, “vale, pues nos la quedamos nosotros”, y forma una especie de pseudoreino en ella, se autoproclama dictador demócrata, y establece un sistema de gobierno, en el que la clase dirigente está formada por los optimi, filósofos, poetas y héroes (se le ve el plumero, ¿eh?). En la constitución del estado de Fiume se reconoce a la poesía y a la música, como los principios fundamentales del estado. Además crea una sociedad de naciones “distinguidas” (a la que nadie mas se adhiere. Se entiende que las demás debía ser demasiado vulgares).  Se dice que lleva a cabo esta locura, sobre todo, porque le había prometido a su querida Luisa Casati (a la sazón marquesa, y otro personaje brillante que nos ha dado el mundo. Su frase mas célebre fue “Quiero ser una obre de arte viviente”) que para recuperarla se convertiría en Rey. Como es de esperar, la Impresa de Fiume termina fatal, con un acto ridículo pero valiente, en el que D’annunzio le declara la guerra al reino de Italia. Fracaso de nuevo. Brillante ejecución de un fracaso.

Una vez mas, sus planes de Gloria se había desmoronado. Casati le abandona por tercera y definitiva vez, y cansado, se retira a su villa en Gardone, donde pasa los pocos años de vida que le quedan escribiendo. Las fuerzas le han fallado al fin.  Ha saltado de fracaso en fracaso hasta su muerte, pero muere contento.  Según el mismo, el mundo se había convertido en un lugar demasiado pequeño, que ya no tiene retos que ofrecerle.

Así que amiguitos, ya sabéis. En ocasiones la vida nos pone en situaciones delicadas. Nos presenta retos difíciles, en muchos casos prácticamente (o sin el prácticamente) inalcanzables. Ante esos escenarios, tenemos que decidir. (lo fácil si, otra vez, lo fácil es bla bla bla) ¿Qué queremos hacer? Tenemos dos opciones a cada cual mas Clara. Podemos no afrontar el riesgo, seguir adelante con tranquilidad, encontrar la seguridad en retos sencillos, y vivir una existencia cómoda, apacible, tranquila y plena. No hay nada de malo en ello (excepto el que de cuando en cuando, una vocecilla nos hable por la noche, en la cama y nos diga “¿y si lo hubiésemos intentado?, Maldita sea, ¿qué habría pasado? ”). Si esa voz os asalta alguna vez, solo tenéis que decirle “ tranqui, era imposible, ni en un millón de años lo habríamos conseguido, era imposible”. Y tendréis una vida cómoda.

Pero, si como D’Annunzio sentís que esa voz os habla constantemente, si no caya ni aunque estéis durmiendo, trabajando, o tomando una cerve con vuestros amigos. Si esa voz se os aparece en sueños, (primero, visitad a un Psicólogo pero luego, si estáis bien), no dudéis en escuchadla. Seguidla,  que os guíe. Os llevará a lugares peligrosos y difíciles, os pondrá a prueba mil veces al día. Os hará dudar de los demás y de vosotros mismos, os tentará, os dirá que os rindáis, para que, inmediatamente después os llame cobardes por hacerlo. Cada pequeño fracaso será como una gran caída, de la que parecerá imposible levantarse, de la que no querréis levantaros jamás. Miraréis con envidia a esa gente con vidas apacibles y tranquilas, acomodados en sus puestos seguros y fijos. Pero si lográis poneros de pie de nuevo, sacudíos el polvo, y dar un paso mas adelante, solo uno, por muy pequeñito y tambaleante que sea, si conseguís deciros cada cinco segundos, “dentro de 5 segundos me rindo, no puedo mas, solo 5 segundos mas y me rindo”, y repetirlo durante días, semanas, meses, si de verdad creéis que lo que defendéis es justo, aunque nadie mas lo crea, continuad, seguid adelante, no os rindáis, y recordad el lema que acuño D’annunzio para si mismo “Memento Audere Semper” ( nunca abandones la lucha, actúa en el momento preciso), y que demonios, ¿a quién le importa las consecuencias? Será el mejor viaje de vuestras vidas, aunque nunca lleguéis a vuestro destino. Está históricamente demostrado.

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Mini bonus track 2. Fragmentos de “Il Piacere”, una vez mas, traducción del menda, apiadaos de mi

“He vivido mas en estos últimos días que en 15 años, y me parece que ninguna de mis largas semanas de dolor se pueden igualar en agudeza a esta última semana de pasión.  Me duele el corazón,  la cabeza se me pierde, hay algo oscuro y ardiente dentro de mi. Una cosa que ha aparecido de improviso, como una infección maligna, que comienza a contaminarme la sangre, el espíritu, en contra de mi propia voluntad, y no tiene cura. El deseo. “

Ho vissuto più in quindi giorni che in quindici anni; e mi sembra che nessuna delle mie lunghe settimane di dolore eguagli in acutezza di spasimo questa breve settimana di passione. Il cuore mi duole; la testa mi si perde; una cosa oscura e bruciante è in fondo a me, una cosa ch’è apparsa all’improvviso come un’infezione di morbo e che incomincia a contaminarmi il sangue e l’aniam, contro ogni volontà, contro ogni rimedio: il Desiderio.

Pero tú deberás renunciar para siempre a mi. Tendré que alejarme de ti. Tú Serás noble, y gentil, y grande, y generoso, ahorrándome una lucha que me da mucho miedo. Llevo mucho tiempo sufriendo, Andrea, y he aprendido a vivir en el dolor. Pero la mera idea de tener que pelear contra ti, de tener que defenderme de ti, me crea un terror loco. Tú no sabes  a costa de cuantos sacrificios he alcanzado la paz en mi corazón. No eres consciente de a cuantos queridísimos altos y nobles ideales he tenido que renunciar… Pobres ideales. Me he convertido en otra mujer, porque era necesario que fuese otra persona. Me he convertido en una chica corriente/común/como las demás, porque solo así lograba acallar el dolor.

Ma voi dovete rinunziare per sempre al mio amore, voi dovete allontanarmi da me; dovete essere nobile e grande, e generoso, risparmiandomi una lotta che mi fa paura. Io ho molto sofferto, Andrea, e saputo soffrire; ma il pensiero di dover combattere contro di voi, di dovermi difendere contro di voi, mi dà un terrore folle. Voi non sapete a costo di quali sacrifizi ero giunta ad ottenere la calma del cuore; non sapete a quali alti e carissimi ideali ho rinunziato… Poveri ideali! Sono diventata un’altra donna, perché era necessario che io diventassi un’altra; sono diventata una donna comune, perché così chiedeva il dolore.

…Tener solo un pensamiento, único, constante, a todas horas, que ocupa todos los segundos… No concebir otra felicidad que aquella, sobrehumana, que irradia de tu sola presencia en mi ser… Vivir durante todo el día con la esperanza inquieta, furiosa, terrible, del momento en el que te vuelva a ver.

Avere un pensiero unico, assiduo, di tutte le ore, di tutti gli attimi;… non concepire altra felicità che quella, sovrumana, irraggiata dalla sola tua presenza su l’esser mio;… vivere tutto il giorno nell’aspettazione inquieta, furiosa, terribile, del momento in cui ti rivedrò.

Existen amores agónicos, que prevalecen constantemente, Por virtud de la envidia, o de la admiración,  ya que, el amante triste, o cansado, teme renunciar a su posesión, o a su asedio, a favor de la felicidad del que le pudiese suceder.

Ci sono amori in agonia che si protraggono ancora, per virtù dell’altrui invidia, dell’altrui ammirazione; poiché l’amante disgustato o stanco teme di rinunziare al suo possesso o al suo assedio in favore della felicità di chi potrebbe succedergli.

Yo renunciaré a todas las promesas que he hecho en la vida, a cambio de vivir en una pequeña parte de tú corazón.

Io rinunzierei a tutte le promesse della vita per vivere in una piccola parte del vostro cuore.

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