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Buenas noches a todos, amiguitos. Siento la ausencia prolongada (se que no podéis vivir sin mi), pero asuntos secretos me han mantenido apartado de vuestra compañía durante este par de semanas. Solo os diré que cierta tumba ha sido por fin “descubierta”, y cierto “objeto” ha sido finalmente “expropiado” de ella, y dentro de poco nuestro poder será innegable por… vamos, que he estado enfermo y viajando con la oficina, peeero aquí estoy de vuelta. Mientras sea el tiempo verbal, y no el sujeto lo que falle, no me separaré de vosotros.

Llevo bastante tiempo con historias modernas, y hoy me apetece volver a un clásico, así que brace yourselves, con uds tonight, el Bear Grills de la edad antigua, discípulo de Sócrates, coleguita de Platón y Alcibíades, caminante incasable, noble, fuerte, y sobre todo, con un espíritu a prueba de todo desánimo, reciban con un fuerte aplauso aaaaaaaaaaaaahhhhh Jenofonteeeeeeeeeee y su Anabasis (ovación cerrada del público, algún desmayo femenino, y por lo general, locura y alegría).

Jenofonte (o Xenofonte, como prefiráis ) nació en Atenas, cuando ser ateniense era mas molón que Mario Casas y Pittbull juntos. La ciudad estaba en su cumbre de poder y gloria, y todo el mundo (si, hasta los espartanos y los persas) la respetaban y temían. Las artes y las ciencias brotaban y florecían como veraneantes en las playas de Benidorm en el mes de Agosto, y por lo general,  era el “place to be” de mediados del siglo V a.c., el sistema democrático mostraba al mundo todas sus virtudes y defectos (que por lo general no han cambiado en 2500 años), y la gente era muy feliz.  

Dicho estado de felicidad y riqueza, no obstante, le generó muchos enemigos, y los griegos, que eran bien envidiosos (como todo buen pueblo Mediterraneo que se precie), se vieron envueltos en una serie de guerras civiles que terminarían, muchos años después, por traer la ruina a la ciudad, y a la civilización entera. No obstante, en el momento que nos incumbe, esas guerras estaban comenzando, los atenienses iban ganando, y todo joven aristócrata de la polis que se preciase luchaba en ellas sin mucho riesgo personal para su vida, y con mucha gloria y batallitas que contar a su retorno a la ciudad.

Jenofonte fue uno de ellos, pero a diferencia de sus amigos y coetáneos, la aventura le llamaba mas que los burdeles y los banquetes filosóficos, así que, desencantado por el perfil bajo y casi “excursionista” de las guerras del Peloponeso, decidió buscar fortuna en una guerra de verdad, y se unió a Clearco y su expedición de los diez mil. Estos diez mil (hombre mas, hombre menos), fueron un cuerpo de mercenarios griegos que Ciro de Persia contrato para luchar contra su hermano Artajerjes II. Los persas, un poco como los Pantoja-Rivera, se odiaban mucho y de manera muy familiar, y Ciro, decidió que era él, y no su hermano el que debía gobernar el imperio Medo. Contrato a 10.000 mercenarios griegos (después de las guerras medicas, los persas estaban convencidos de que estos eran imbatibles) y le declaró la guerra a su hermano. No obstante, algo salió mal, y después de recorrer unos 4000km de territorio persas, ambos hermanos se enfrentan en la batalla de Cunaxa, donde tras fallos estratégicos garrafales, Ciro pierde a todo su ejercito (excepto la falange griega de los 10.000 que permanece invicta), y lo que es mas importante para él, su vida.

Aquí empieza la gran aventura de Jenofonte. Él y sus colegas se han puesto al servicio de un tío que acaba de palmar la guerra, se encuentran totalmente rodeados de enemigos en el corazón de un imperio hostil, y están a 4000km. de cualquier lugar remotamente civilizado. Gracias a Dios, Artajerjes, el hermano victorioso, convoca a los generales griegos a su tienda, para negociar la paz. Puede que no cobren, pero al menos, salvarán la vida,( o eso es lo que creen) hasta que descubren que en lugar de negociar, los persas se han cargado a todos los oficiales y generales griegos que quedaban. Dejad que os explique esto un segundo, porque tiene cierta importancia. Los persas, como todo imperio totalitario y centralizado, estaban dominados por un líder. Sabían que si mataban a un general, el ejercito entero se desmoronaría, que los hombres, al estar acostumbrados a obedecer toda la vida a un mismo tirano, sencillamente no sabían que hacer cuando perdían a su jefe (por eso matan a los generales griegos). Sin embargo, los griegos son, en su mayoría, hombres libres. Muy celosos de sus derechos e independencia, así que, al recibir la noticia de que Clearco y sus mandos han muerto, se encierran en su campamento, montan guardia, y deciden elegir democráticamente a otro general. El elegido es Jenofonte…

… y Jenofonte tiene una cosa muy clara. Él no va a dejarse la piel entre el Tigris y el Eufrates, en las quimbambas, él va a volver a su casa, y los que le sigan también. Da un discurso que ya lo quisieran para si los políticos modernos, sube la moral de sus hombres, y les asegura que les llevará a casa. Lo que sigue es una de las grandes gestas de la humanidad. Rodeados totalmente por enemigos que no dejan de acosarles (Artajerjes se enfrenta en un primer momento a los griegos y es brutalmente derrotado, por lo que decide que se dedicará a hostigarle solamente) Los diez mil se ponen en camino. Sin mas provisiones que las que encuentran en su camino, atraviesan desiertos, puertos de montaña nevados, ríos anchos como el mar… durante meses, los persas les atacan, intentan hacer que se rindan, desmoralizarlos, negociar con ellos, y hasta sobornar a sus líderes, pero no lo consiguen. ¿cómo es posible?. Durante meses, los griegos  prefieren sufrir privaciones, padecimientos, y muerte, como hombres libres, eligen libremente el dolor, antes que rendirse y convertirse en siervos de un tirano, antes de dejar de ser lo que son. Tras 1500km. a pie a través del infierno mas horrible, cuando todo parecía no terminar nunca, es especialmente emotivo el momento en el que, desde la lejanía, los primeros griegos de la columna caen de rodillas, y entre lágrimas, solo pueden gritar “Thalassa! Thalassa!”. El mar. Habían llegado.

Así que, ya sabéis amiguitos. La vida, ese ama vestida de cuero negro que goza flagelándonos la espalda con látigos y varas de sauce, en ocasiones, nos pone en situaciones extrañas. De un día para otro tumba todos nuestros planes, hace que el escenario gire 180º y nos coloca en situaciones a priori increíbles. Nos ha pasado a todos. “So, you´ve been broken and you’ve been hurt??,please show me somebody who ain’t”, que diría el bueno de Bruce Springsteen. En esos momentos, podemos ser persas, podemos plegarnos a las ordenes de un nuevo tirano ( el desamor, el odio, la desconfianza, la falta de fe, la venganza) y dejar que nuestra vida continúe, asumir que hemos perdido, y que no hay nada que hacer, y dejar que el mal nos gobierne (en realidad, si es así, solo estamos cambiando un mal por otro)… O podemos ser griegos. Podemos pensar “yo salgo de esta por mis huevos, o me dejo la piel en el proceso”, como hizo Jenofonte, y ponernos a ello. A priori, como siempre, será difícil. La gente os mirará raro. No comprenderá que os guía, que os da fuerzas. Se preguntarán “¿por qué motivo ese loco sigue peleando contra imposibles, sigue creyendo en algo que sencillamente es tan difícil, que no vale la pena ni planteárselo?”. Atravesareis desiertos, y montañas desoladas, y es posible, que os quedéis en el camino y nunca lleguéis a casa. Pero lo habréis hecho como hombres y mujeres libres. Habréis tomado el camino difícil, porque es el que os lleva al objetivo en el que vosotros creéis. Es fácil hacer cosas fáciles. Es sencillo responder “vale”, cuando alguien te dice “NO”. Pero, si realmente creéis en lo que queréis conseguir, ya sabéis lo que os digo siempre, no permitáis  que ni el tiempo, ni la distancia, ni las negativas de la gente, ni el sentido común, ni 4000km. de desiertos, ni el ejército persa se pongan en vuestro camino, y si lo hacen, actuad como hombres libres, y ni todos juntos podrán paraos. Si, amigos. A Jenofonte le funcionó, y por lo tanto, está históricamente demostrado.

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