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Saludos, amigos, y buenas y calurosas tardes madrileñas. Hoy estoy un poco más cerca de mis vacaciones, (lo que me alegra sobremanera), pero, a la vez, más harto de vuestras fotitos con copazos, piscinas playas y pies. Sois todos un rebaño de ovejas, amigos, los Hashtags (o como demonio se escriba) #Aquienlaplayita  #quemalseestadevacaciones #paellaagogo o #noquierovolver están más vistos que el tebeo, vuestras cuentas de instagram paracen un disco rayado… Si queréis ser originales subid una foto con chaqueta y corbata a 40º a la sombra de camino a la oficina…no hay huevos…   ainss (que asco-envidia me dais malditos)

Bueno, pues hoy voy a comenzar con una persona, que aunque parezca antagónica a nuestro anterior protagonista (su santidad el Papa de Roma), tiene mucho más en común con él de lo que parece, hoy arrancamos con otro idealista, altruista e igualitario amiguito, para explicar como, cuando la razón duerme, los monstruos de nuestros sueños, acaban conviertiéndolos en pesadillas (y sino que se lo digan al maño sordo ese, que pintaba papeles).  Con todos ustedes, amigos, Salvador Allende, o como  partiendo de ideas a priori buenas, se puede joder un país en dos telediarios.

Cuando nuestro amiguito Salvador Allende llega al poder en Chile, no lo hace de una manera fácil, ni contundente. Corre el año 1970, y tras 3 o 4 elecciones fallidas (el mismo Allende bromeaba diciendo que el epitafio de su tumba rezaría “Aquí yace el futuro presidente de Chile”),  y tras conseguir el apoyo del Partido Comunista Chileno, Allende es capaz de erigirse como la fuerza más votada en el parlamento chileno con un 36.2% de los votos. Ciertamente no obtiene una mayoría apabullante, que legitime de manera indiscutible su mandato (sobre todo habida cuenta de que las otros dos candidatos mas votados, Alessandri y Tomic, sumaban un 62.7% de los votos, siendo, además, ambos partidos conservadores). No obstante, y tras desavenencias entre las dos fuerzas de derechas, los democristianos ( poniendo voz de indiana Jones al referirse a los Nazis “Democristianos;  los odio”) deciden dar su apoyo a Salvador Allende y permitir el cambio en política Chilena.

Y que cambio, amigos. El bueno de Salvador se pone a trabajar en su gran programa utópico y social, y la verdad es que no se detiene ni un segundo. Es un político incansable, incorruptible, visionario e idealista. Parece que realmente busca el bien para la gente de su país, y ya se estuviese de acuerdo o no con sus ideas, el camino chileno al socialismo es de lo que más se habla esa temporada en la rivier gauche parisina, y todos aquellos nostálgicos del 68 que pasean cabizbajos por la Rue Monge, ven que ese hombrecillo, pequeño, humilde y gafotas está triunfando donde ellos fracasaron.

Comienza con la nacionalización de la banca y de las compañías mineras que hasta ese momento estaban en manos de empresas privadas, siendo en aquella época, (y posiblemente también ahora, no tengo el dato), la minería del cobre, la principal exportación chilena, que de aquella, representaba más del 50% de los ingresos por exports del país. Poco tiempo después lanza una tremendamente ambiciosa reforma agraria, por la cual, más de 3000 grandes latifundistas chilenos pierden sus haciendas y explotaciones agropecuarias, prohibiendo la posesión de tierras de más de 80 hectáreas por persona en Chile. Prácticamente el 40% de todo el suelo chileno, fue redistribuido.

Hasta aquí no está mal la cosa, no?, pero no penséis que se detuvo ahí. Lanzó un ambicioso plan de construcción de vivienda social, por el cual, más de 120.000 viviendas  para gente pobre y sin recursos se construirían bajo su mandato, haciendo entrega de ellas a precios irrisorios, o gratis. Becas para más de 3000 indios mapuches fueron también creadas, de manera que dicha tribu indígena, históricamente marginada en el país, se pudiese integrar finalmente en la sociedad. Se crearon programas para ofrecer comida y leche gratis a todos los niños menores de 7 años, y a las madres con bebes bajo su cuidado. Se fijo el precio de venta de determinados productos básicos, como el pan o la electricidad, no pudiendo este ser modificado por cada vendedor a su libre arbitrio. Se crearon imprentas y editoriales estatales, que publicaban y regalaban entre los más desfavorecidos más de 8 millones de libros al año, y se crearon programas de alfabetización para gente de mediana edad por los cuales, dichas personas cobraban un salario por acudir a una “escuela”.

Fiuuuu, vaya reformas, que tío este Allende. Además, redujo de manera dramática la corrupción estatal, endémica en los países hispanoamericanos (a ver, no íbamos a llevar solo cosas buenas con la colonización, no?), y llevo a cabo una drástica reforma de la seguridad social y del sistema sanitario y educativo. Dio cobertura sanitaria y de jubilación plena a aquellos empleados con trabajos a tiempo parcial, o a parados de larga duración, nacionalizo la sanidad, y creo una secretaría general, o ministerio de la mujer, para fomentar y dar oportunidades laborales a las mujeres chilenas, tendiendo a la paridad de oportunidades entre ellas y los hombres.  Además, subió de manera brutal los salarios mínimos para las clases más bajas de la sociedad (entre el 30 y el 40%) de manera que gozasen de un mayor poder adquisitivo, y llevo a cabo una fijación de la inflación (otro problema endémico de la economía chilena) con las pensiones, de manera que estas se incrementasen al mismo ritmo que la primera.  Tras un año en el gobierno, todo parecía darle la razón. La inflación había bajado varios puntos porcentuales, el desempleo se había reducido de manera brutal, la pobreza en un año prácticamente había desaparecido, y la sociedad parecía ser, a priori, más feliz, más igualitaria y estar cohesionada que nunca.

La situación, no obstante, cambió muy pronto, al año y medio de gobernar Chile, las primeras perturbaciones económicas comenzaron a aparecer. El coste de la sanidad, y de la educación, recientemente nacionalizada, se disparo en 1971-72, y esto, unido al resto de medidas sociales del gobierno allende, hizo que los ingresos del estado se desplomasen. Tras la nacionalización de las minas de cobre, la producción de las mismas se hundió.  Los obreros organizados en colectivos que a priori iban a gestionar mejor sus propios intereses que los malvados capitalistas, no fueron capaces de producir apenas la mitad de mineral de cobre que un par de años atrás, y dicha caída tremenda en la producción, tuvo un impacto muy fuerte en la economía chilena, que como indicábamos anteriormente, dependía en gran medida de la producción de este mineral. Al vender menos, empobreció al pais y a los ciudadanos, pero además, hizo más caro y difícil importar. Un gran Mantra del socialismo chileno en los años 60 y 70, consistía en explicar que chile a pesar de su riqueza natural, era un importador nato de alimentos, debido a que los grandes señores latifundistas dedicaban sus haciendas a la caza y resto de actividades aristocráticas en general, y por ello la tierra era explotada de manera deficiente y poco práctica. No obstante, y tras el reparto de las tierras entre los campesinos pobres de chile, pasó algo parecido a lo que sucedió con las minas. Lejos de mejorar y disparar la producción de alimentos, esta también se hundió. Las tierras entregadas a aquellos que las pondrían a buen uso, lejos de las manos de los grandes terratenientes fueron aún menos productivas que antes. Esto a su vez, hizo que chile tuviese que comprar más alimentos en el exterior ( la demanda aumentó un 150%) , peeeeero, con la caída de las exportaciones, conseguirlo fue algo menos que imposible.

Por supuesto, los precios de los alimentos se dispararon, y sin ningún órgano independiente capaz de hacer frente a los designios de Allende, este decidió apretar el botón de fabricar billetes, con la infantil presunción de que cuanto más dinero produjese, más tendría.  El drama de la inflación en chile consistía en subidas anuales del 25% en los años previos al gobierno de Allende, pues bien, en solo dos meses, (Julio – Agosto 1972), los precios se dispararon más del 200%, y se calcula que la inflación total de su mandato estuvo por encima del 500%. Los trabajadores, y pequeños empresarios, decidieron que estaba muy bien que les subiesen el salario un 40%, pero que si los precios de las cosas subían un 500%, estaban jodidos.  Básicamente, Allende producía billetes, y el precio de las cosas se disparaba, sumiendo cada vez más y más en la pobreza su pais, de tal manera que, en 1972, un Chileno medio era 200 veces más pobre que en 1968, PERO, un chileno de clase baja, era 400 o 500 veces más pobre bajo Allende que bajo Alessandri.   Finalmente, y tras haber hundido y arruinado de manera irremediable su país, una huelga general iniciada por los camioneros hizo que Allende intentase por la fuerza, y vía militar, movilizar de nuevo la distribución de mercancías.  Comenzaron los disturbios, y las algaradas en las calles, y aunque el tribunal supremo declaró dicha movilización ilegal, el gobierno siguió adelante con ella. Poco después, la democracia cristiana, junto con la derecha, vota en el congreso con mayoría absoluta, que Allende se detenga en todas su reformas, y que entregue el poder. El presidente del gobierno se niega, y cruza la delgada línea que separa la democracia de la dictadura, al ignorar los mandatos de la cámara chilena.   A partir de ahí, el golpe de estado, y el trágico asesinato, son solo cuestiones que irremediablemente se suceden, para evitar que Chile termine convertida en una dictadura comunista, del estilo cubano.

Así pues, amiguitos, la lección de hoy es muy sencilla. Da igual que hablemos de política, de economía, de ética o de parchís. El mundo está lleno de iluminados. Está lleno de personas con grandes ideas, nunca realizadas hasta hoy. El mundo es prodigo en profetas que os hablarán de las maravillas del sistema de turno hasta convenceros, hasta haceros perder la cabeza y creer que son auténticos mesías, llegados al mundo para salvarlo de su destrucción. En estos casos, mi consejo es SIEMPRE desconfiar de ellos. No penséis que existe un camino a la gloria sencillo. No creáis que con la dieta de veneno de abeja vais a adelgazar 30 kilos en una semana, ni penséis que la crema de turno va a convertir vuestra noble tez, ajada por los años y las experiencias, en la de una nueva Megan Fox. Jamás penséis que un político va a traer la paz y la igualdad social en tres meses, ni que acabará con la pobreza en un año. Nada en esta vida, le es entregado a los mortales sin trabajo. Sin esfuerzo, sin sacrifico, y como diría Milton Fridman, (ese pavo es un grande, os tengo que hablar de él un día de estos) “Uno de los más grandes errores es juzgar a las políticas y programas por sus intenciones, en lugar de por sus resultados.” Desconfiad, y si es de políticos visionarios desconfiad dos veces, porque en demasiadas ocasiones, “Aquello que nos promete el paraíso en la tierra nunca produjo nada, sino un infierno”, esto, amigos, también está históricamente demostrado.

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